"Todos los días la gente se arregla el cabello,
¿Por qué no el corazón?"

martes, 31 de diciembre de 2013

¿Has vividido el 2013 o el 2013 te ha vivido a ti?


Durante estas fechas he decidido cogerme unas vacaciones de dos semanas. Pero aun así, no podía pasar este día sin actualizar. Hoy es un día perfecto para hacer un resumen de todo lo que nos ha ocurrido en el 2013. Un resumen con forma de lista, redactado, con esquema, con dibujos… ¡da igual!

Es el último día del año y es un buen momento para dedicarnos un tiempo a nosotros mismos y observar. Observar lo que hemos hecho, lo que hemos logrado, dónde nos hemos atascado y si hemos sabido solucionarlo o lo hemos intentado. Evaluaciones como éstas nos permiten crecer, evolucionar, aprender, mejorar…

Volveré la semana que viene con la misma energía que en el 2013 (porque más, es imposible).

Hasta entonces, os lanzo una pequeña gran pregunta:

 

¿Habéis vivido?

 

Y como regalo de Reyes adelantado, os dejo este video a partir del minuto 6.00. Si os sabe a poco, tenéis la película entera en youtube y el libro en las librerías ;).

 

 


¡FELIZ FIN DE AÑO Y COMIENZO DEL 2014!

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Sí, te entiendo. Yo también sufro la crisis

Dadas las circunstancias económicas, políticas y sociales, los años que llevamos inmersos en una crisis de la que no salimos y viendo como las personas que pueden realizar cambios en el país ignoran las propuestas de sus ciudadanos, los españoles estamos sumidos en un estado de indefensión aprendida como nunca antes había visto tan generalizado. La indefensión aprendida consiste en ser pasivo, en no actuar ante una situación desagradable por la sensación subjetiva de que no se puede hacer nada para cambiarla. ¿Hay alguna ejemplificación más real que la vivida en España? Subidas de impuestos que no cesan, políticos que no hacen nada bueno pero se quejan como niños en el parlamento, leyes para evitar las manifestaciones, recogidas de firmas que se ignoran, políticos que roban pero están en la calle, violadores que salen de las cárceles, personas que han sido despedidas, gente en el paro que se queda sin ayudas…
 
Estamos en una época en la que muchas personas optan por el mecanismo de defensa de la evitación. Yo me hago creer que a mí no me importa esta situación y mi única ilusión es salir de fiesta, beber y jugar a la consola o al ordenador. Disminuyo mis motivaciones a la total pasividad del zapping televisivo y paso los días sin pena ni gloria. Más vale ser apático que deprimirme por la situación que me ha tocado.

Por otra parte, se encuentran las personas motivadas, con ilusiones y con ganas de hacer muchas cosas: estudiar, trabajar, montar una empresa, ser contratado, investigar… Pero para mantener esta motivación durante un largo periodo de tiempo hace falta ser muy constante y muy valiente. Nos encontramos en una situación en la que el exterior no premia por el esfuerzo. Estas personas motivadas lo intentan cada día y no reciben reconocimiento, ni clientes, ni contratos, ni dinero… Empieza una lucha entre la empatía por entender la causa de la situación que cada uno está viviendo VS la frustración por no obtener resultados a pesar del mejor esfuerzo.
 
¿Y qué podemos hacer ante esto? Entenderlo. Entender que es lo que nos ha tocado vivir y tenemos que seguir viviendo a pesar de las circunstancias. ¿Es una cabronada? Sí. ¿Tenemos la culpa a nivel individual? No. Por tanto, es normal que nos cabreemos, es normal que nos entristezcamos y que tengamos algún berrinche, pero anclarnos en esas emociones no cambiará nada y nos costará todavía más esfuerzo vivir.
 
Lo que propongo es una alternativa más valiente que la evitación o la melancolía enquistada. Propongo que nos aferremos al disfrute de la vida pensando por qué cosas o qué personas merece la pena vivir la vida. DemostrarNOS todo lo que sabemos hacer con nuestra mágica motivación hasta en estos tiempos, disfrutar de cada día con las personas que más queremos, retomar hobbies que dejamos olvidados por una vida llena de estudios u horarios laborales incompatibles con toda vida humana. Dar a los hijos todo el amor y comprensión que necesitan, olvidémonos de la idea de que los hijos necesitan cosas materiales para ser felices, necesitan amor y eso no se compra con dinero. Busca, busca todo lo que quieras llegar a conseguir sin excusarte en la dificultad para realizarlo. No hay nada más gratificante en la vida que quererse a uno mismo y valorarse, y eso se consigue sin necesidad de que culmine en un final apoteósico. Y por último, sé valiente. Sé valiente y permítete llorar o patalear cuando sea necesario pero que sea como vía para vaciar el vaso y poder empezar de nuevo.
 
Estamos juntos en esto. Nos entendemos y nos comprendemos.
 
Pero la decisión de VIVIR depende de uno mismo.

 

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Mamá, papá ¿Existen Papá Nöel y los Reyes Magos?

Llega un día en el que los peques de la casa empiezan a dudar de esa magia tan intensa como es la existencia de Papá Nöel o los Reyes Magos. Estas dudas suelen ir desencadenadas por el carácter investigador de cada niño y porque un compañero o compañera de clase le ha dicho que no existen. La franja de edad depende de la evolución de cada niño. Pueden surgir preguntas de los 4 a los 6 años pero no es hasta los 6 a los 8 años cuando empiezan a estar preparados para entender que los Reyes Magos no son reales. Aun así, es normal que no lancen dudas hasta que son más mayores (entre 8 y 11 años). Una de las posibles causas es el miedo a que si descubren que no existen los Reyes Magos, se quedan sin regalos en Navidad. Es por esto, por lo que hay que tener mucho tacto a la hora de darles la noticia.
 
¿Qué pasa si nuestro/a hijo/a se hace mayor y sigue creyendo realmente en los Reyes Magos? ¿Se lo decimos? ¿No se lo decimos? Hay personas que opinan que a partir de los 11 años es aconsejable decírselo a pesar de que no presenten dudas. Por mi parte, soy de la opinión de que es positivo mantener la ilusión mientras sea posible. Ilusionarles no es mentirles. Y, en el caso de que alguien piense certeramente que se les está mintiendo, ¿por qué es diferente “mentirle” a los 2 años y a los 8? Como ya he dicho anteriormente, nuestros hijos se enterarán por muchas razones: compañeros de clase, uso del razonamiento aunque sea inmaduro, búsqueda de pistas… Por eso, debemos esperar a que nos lancen la fatídica pregunta, eso será síntoma de que están preparados para saberlo.
 
Y como los niños son impredecibles, nos pueden preguntar por la existencia de estos cuatro personajes en cualquier momento. ¿Hay alguna fecha especial para decírselo? No, pero hay una fecha que es la menos indiciada para explicarlo: La Navidad. Es una época en la que el niño o la niña todavía tienen la ilusión y son fechas muy cercanas para poder aceptar que no es lo que pensaba. Necesita un tiempo para poder macerar esa idea en la cabeza, darle forma e ir integrándola en su vida.
 
¿Y qué pasa si me lo pregunta justo en Navidad o un poquito antes? ¿Le miento? Lo ideal es responder a su pregunta con otras preguntas que fomenten su razonamiento propio. Por qué dices eso, tú qué crees… Y si, si nos pone ante las cuerdas y en estas fechas tan señaladas, le mentiría. Esta decisión es muy personal, cada uno debe hacer lo que crea correcto y considere mejor para su hijo/a. Pero esa contestación puede estar justificada con la siguiente carta que cuento a continuación.
 
Una vez ha pasado la Navidad, creemos que ya están preparados para saberlo, etc. podemos enviarles una carta por correo postal a nuestro/a hijo/a donde se explica de una manera muy bonita la verdad sobre los Reyes Magos. Puede personalizarse a la situación de cada uno. Es muy importante que los niños entiendan que se les mantuvo la ilusión porque se les quiere mucho y que ahora son lo suficientemente mayores y valientes para saber la verdad. Así, la tristeza de descubrir la verdad se calmará con la idea de sentirse mayor y merecedor de guardar un secreto muy importante, exclusivo de las personas mayores. La carta dice así:
 
Hola XXX:


Somos los Reyes Magos.

 
En realidad, lo importante no es que seamos Reyes ni Magos. Lo importante es que somos unas personas que te quieren, que saben cómo te sientes y cómo es tu corazón.
 
Sabemos tantas cosas de ti como tus padres: que te encanta el fútbol, que vas a Kárate, que tu profesor se llama Víctor y hasta sabemos que tienes una peca preciosa en el dedo gordo de tu mano derecha. Sabemos que te esfuerzas en hacer bien las cosas, que intentas no pelearte con tus hermanos (aunque a veces no lo consigas) y que muchas veces ayudas a papá y mamá. Y sabemos que tienes 7 años y medio… casi 8.
 
Ha llegado el momento de compartir contigo nuestro SECRETO. Cuando un niño deja de ser niño y se convierte en un HOMBRECITO, está preparado para guardar un secreto sin decírselo a sus hermanos menores o  a otros niños que no lo saben.
 
Pocos saben la GRAN VERDAD y los que son capaces de conocer el MISTERIO DE LOS REYES MAGOS sin decírselo a los demás. Es el momento de que lo sepas tú.
 
Nuestro gran secreto es que nosotros existimos únicamente en el corazón, en el corazón de todos los papás y mamás del mundo.

La verdad es que no existen los Reyes Magos como personas ya que no podrían vivir eternamente. Los que ponen tus juguetes por la noche mientras tú duermes son ¡tus papás! Sí, son tus padres.
 
Y mantienen toda esta ilusión de la tradición porque creen que eres un niño que se merece que sus papás le demuestren lo orgullosos que están de él.
 
Querido Alex. Tu padre y tu madre son felices porque tú existes, porque tú eres su querido hijo y no otro niño. Tus padres son felices porque disfrutan de ti, de tu manera de ser. Tienes la virtud de hacer felices a todas las personas que te quieren y eso se merece una sorpresa tan grande como la de creer en los Reyes Magos.
 
Tu hermano Enrique sabe nuestro secreto desde hace muchos años y no lo ha dicho a nadie. De él también estamos muy orgullosos, aunque a veces nos enfademos un poquito. Contamos contigo para que tú tampoco se lo cuentes a tu hermano Ignasi. Le dejaremos que crea en los Reyes Magos unos años más.

Un besito muy fuerte de parte de Papá y Mamá.



¿Supondrá esto un trauma en sus vidas? Hemos de pensar que los niños tienen una cantidad de personajes ficticios en la cabeza, los cuales a lo largo de los años, van desapareciendo por cuenta propia. Darles la información de que Papá Nöel o los Reyes Magos no existen, supondrá un cambio y quizá algo de melancolía al enterarse, pero nada más allá de lo que puedan tolerar. Recordad que, en la mayoría de los casos, son ellos los que preguntan si existen o no. En cierta parte, quieren saberlo a pesar de las consecuencias.
 
 

miércoles, 4 de diciembre de 2013

La influencia del apego en las relaciones adultas

En una semana en la que  en ¿Te atreves? se está hablando de la influencia de la familia de origen en cada uno de nosotros, no podía faltar una entrada en el blog sobre la importancia del apego.
 
¿Qué es el apego? Es el vínculo que se crea entre las personas más significativas para uno mismo a partir de las relaciones que se establecen entre ambas partes. Las figuras de apego son las que te hacen crecer. Por eso, a pesar de que por lo general estas figuras suelen ser los padres, en algunos casos pueden ser otras personas tales como: el/a psicólogo/a, el/la profesor/a, un familiar cercano… La forma en que nos relacionamos con nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc. son el reflejo de las relaciones que mantuvimos durante la infancia. Es por esto junto a que el ser humano es un ser social, por lo que el apego influye de manera determinante en la personalidad del adulto.
 

Su objetivo es favorecer la supervivencia, manteniendo próximos y en contacto a las crías y a los progenitores. Su función es proporcionar seguridad emocional. Ante esas personas nos sentimos seguros, protegidos y con los recursos emocionales y sociales necesarios para nuestro bienestar.


¿Hay distintos tipos de apego? Efectivamente. El apego se ha clasificado en torno a cuatro tipos diferentes:

1.      Apego seguro: Se caracteriza por una figura de referencia que brinda las dos partes más importantes en el crecimiento de un niño. El increíble combo amor + límites. Ya que una educación basada únicamente en el amor generará muy probablemente hijos tiranos y una educación en la que sólo hay límites provocará en la mayoría de los casos hijos inseguros y deprimidos. El apego seguro se basa en una interacción madre-hijo recíproca y reforzante por ambas partes. Como consecuencia, los niños criados con este tipo de apego buscan el contacto y cariño de la madre y reducen el llanto cuando su madre (por lo general) está presente, pues ésta sabe calmarle en los momentos de estrés y tristeza.
 
2.      Apego inseguro evitativo: Este tipo de apego lo llevan a cabo personas que ignoran al niño o tienden a mantenerse al margen de sus necesidades generando un vínculo similar al de una persona extraña. Estos niños/as no muestran malestar cuando su figura de apego no está presente, pero sí cuando están solos. Suelen ser sociables con los extraños pero pueden ignorarlos como evitan a su figura de apego cuando regresa.
 
3.      Apego inseguro ambivalente: Los niños criados con un apego ambivalente han tenido momentos de crisis en los que su figura significativa no ha respondido con seguridad en todos los casos. Caracterizándose por una relación en la que a veces se ha actuado generando seguridad en el niño o niña y a veces se ha ignorado su situación o no se ha respondido de manera adecuada (estrés, cansancio, enfado…). Estos casos suelen suceder cuando las figuras de apego contaminan la relación con el estado de ánimo que tienen en ese momento concreto.
 
4.      Apego inseguro desorganizado: Es una combinación del apego evitativo y ambivalente. Un bebé con este apego llorará al separarse de su figura de apego pero cuando ésta regresa no queda finalizado el problema ya que puede mostrarse enfadado, triste o indeciso aun cuando están juntos de nuevo.
 
 
¿Y cómo influye el apego en nuestra personalidad adulta? De la misma manera que los niños escapan de objetos o situaciones amenazantes buscando a su padre o a su madre, los adultos reaccionamos de una determinada manera ante las situaciones de amenaza en nuestro día a día. Esta “determinada manera” está muy relacionada con nuestra forma de reaccionar en nuestros primeros años de vida. Podemos sentirnos tremendamente angustiados ante una separación o ante la pérdida de un ser querido (apego inseguro ambivalente), podemos sentirnos fríos sin suponer un cambio en nuestro estado de ánimo (apego inseguro evitativo) o tener un sentimiento de tristeza dentro de “una media” (apego seguro).
 
 
La influencia del apego en nuestra adultez se puede observar en nuestras relaciones de pareja o de amistad.


Si una persona ha tenido una figura de apego que se ha asustado cuando ha llorado o se ha alterado cuando se ha enfadado y, además, estás reacciones las ha alternado con conductas de cariño y seguridad, es muy probable que en sus relaciones adultas se encuentre en un estado de alerta buscando cualquier indicio de respuesta negativa en los demás e interpretándola como un rechazo.


Si una persona carece de un apego seguro, su necesidad de vinculación actual será muy intensa ya sea con su pareja o sus amigos. Mostrando una actitud de dependencia para evitar el abandono, llamando la atención para saciar ese vacío y protagonizando situaciones  aparentemente infantiles, pues es su niño interior el que está sintiendo.


Por otra parte, ¿habéis escuchado alguna vez a alguna persona decir que se siente solo entre un montón de gente? En este caso, es posible que se sienta sola porque a pesar de estar rodeada de gente, carece de una figura de apego que le genere seguridad.


Y en cuanto a la pareja, ¿conocéis a alguien que quiera mucho a una persona pero no se sienta capaz de mantener una relación con ella a pesar de necesitarlo desesperadamente? Esto nos recuerda a la definición previa del apego inseguro desorganizado donde el niño lloraba o se mostraba enfadado aun estando con la madre.


Estos son algunos de los comportamientos adultos que están relacionados con el apego que experimentamos en nuestra infancia. ¿Significa esto que por estar influidos por experiencias tempranas no podemos cambiarlo? Definitivamente NO. Para empezar, el mero hecho de concienciarnos de nuestra forma de relacionarnos a menudo inconsciente, ya supone un gran cambio en nosotros. Si estáis interesados en este tema os recomiendo leer a los grandes John Bowlby y Peter Fonagy. Si queréis trabajarlo de manera más profunda… nos vemos en terapia ;)
 
 
 
 
 

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Violencia física y psico(i)lógica hacia la mujer

Este lunes pasado fue el Día Internacional de la Lucha contra la Violencia de Género, un problema que nos afecta desde hace muchísimo tiempo y que todavía se cobra la vida de muchas personas. Un día como hoy me gustaría hacer mención a Amelia Valcárcel, Catedrática de Filosofía Moral y Política de la UNED, autora de una decena de libros y la que me enganchó en el XI Congreso de Violencia contra la Mujer aun cuando mis expectativas eran bastante bajas por repetir ya más de cuatro años. Me enseñó la violencia desde un punto de vista nuevo para mí, cogí tantos apuntes como si un examen dependiera de ello y el resultado es esta entrada.
Ante todo, cabe destacar que el ser humano tiene una capacidad de violencia brutal. No hay más que recordar las dos guerras mundiales que han pasado. Pero, siendo positivos, la situación actual de violencia es mucho más baja de la que el ser humano es capaz de utilizar a pesar de los resultados negativos que nos encontramos, ocasionando un fuerte decrecimiento de violencia en todas las sociedades.
Últimamente, un sector que presenta un alto índice de violencia de género y el cuál nos sorprende, es el sector de los jóvenes (incluyendo los adolescentes). Pero, ¿por qué nos sorprende que dicho sector se comporte así si es bien sabido que los niños y jóvenes repiten lo que ven?
El aprendizaje de la masculinidad va ligado a la violencia, hecho que perpetúa la repetición de patrones agresivos. Durante la infancia, los niños y las niñas se relacionan por igual. Una vez llegan a la preadolescencia, los niños tienden a separarse de las niñas. Esta separación se aprende por la importancia del propio grupo: Nosotros somos nosotros y no somos ellas. Entendiendo ellas como las chicas junto a los chicos que no son de ese grupo, llegándolos a llamar “nenazas”. Pero entonces, ¿cuáles pueden ser las causas de la violencia de género en jóvenes?
1.      La interpretación de la violencia con su cerebro inmaduro y no con el del adulto pasando por alto las consecuencias nefastas de dicha situación
2.      La integración de lo que han aprendido como “normal”
Y, ¿por qué se produce violencia, en mayor medida, contra la mujer? Una de las causas (dejando a un lado el aprendizaje de una dictadura donde los hombres gozaban de derecho marital) que es visible para cualquier persona, es la diferencia en las condiciones físicas que hay entre hombres y mujeres. Ante el ataque físico de un hombre, la mujer se ve en clara desventaja. Es aquí donde cobra sentido la frase de “pero si era un hombre muy sociable y siempre saludaba”. Es posible que el maltratador odie a su vecino, pero nunca se atreverá a decírselo. De hecho, le saludará cada mañana en el ascensor. El maltratador sólo representa ese rol con su pareja e/o hijos y usar la violencia contra alguien que no se puede defender es de cobardes.
Cobardes, que se convierten en héroes cuando se entregan después de matar a su víctima. Pues, aunque todos coincidan públicamente en su arrepentimiento, una vez en la cárcel muchos confiesan que lo volverían a hacer. Yo he cumplido por todos y por eso me entrego. Esta especie de “seguridad” es la que existe en hombres que generan violencia media (contacto físico) y extrema (muerte).
¿Pero qué pasa con ellas? ¿Ante la total dependencia económica, social y psicológica que el maltratador ha ejercido sobre su pareja? Cómo lidiamos con convicciones tan claras y asombrosas como:
“Cuando me agobia es porque me quiere”
“Me estrecha contra la pared porque me quiere y no sabe explicármelo” (pero si pesara lo mismo que él, buscaría otra manera de quererle sin lugar a dudas).
Permiten la violencia media porque previamente han permitido la violencia de baja intensidad (celos, chantajes, comentarios negativos, amenazas…).
Y, tanto en hombres como en mujeres, el aprendizaje cuenta con una influencia increíble en esta situación. Los hombres aprenden por la composición del grupo nombrada anteriormente, mientras que las mujeres aprenden que es insoportable “el qué dirán” los demás familiares, amigos y conocidos, además de que es normal que la mujer permita y aguante todas esas situaciones que no querrían para sus propios hijos.
Por tanto, si al principio comentaba que la situación actual era positiva, ahora concreto que el siguiente objetivo es mejorar esta situación. No podemos tolerar más víctimas de violencia de género en ninguno de sus tres niveles y de ninguna forma. No podemos tolerar más muertes físicas ni mentales.

 

martes, 19 de noviembre de 2013

Tengo chófer y se llama “Ego”

Hay muchas teorías sobre la agresividad al volante. Unos opinan que no es la conducción la que genera agresividad sino la propia personalidad, otros creen que la conducción no es más que el reflejo de la sociedad competitiva en la que vivimos. Además, no podemos hablar con los conductores que nos disgustan puesto que también están conduciendo, hecho que facilita las malas interpretaciones. Y no hay que olvidar que el vehículo es nuestro espacio, en el que nos mostramos tal y como somos sin que nos vean, en el que pasamos mucho tiempo y al que nos gusta defender. El coche no sólo nos permite ser tal y como somos sino que, además, nos hace sentir protegidos por su “coraza” y nos hace sentir menos peligro del que hay en realidad para poder “atacar”. Otro aspecto muy importante es que el vehículo nos permite liberarnos del espacio y del tiempo muy rápidamente, hecho que se ve aumentado cuando nos encontramos tristes o agobiados y queremos huir de la situación. Dominamos el espacio y el tiempo, somos “superiores” al resto.
Pero, algunos estudios sobre la violencia al volante concluyen que las tres causas más importantes de dicha violencia son la prisa, el tráfico y, como punto fuerte, el disfrute de la prioridad.
Prisa: Nos acostumbramos a salir de casa a una determinada hora sin pensar en la posibilidad de que todo vaya más lento de lo que esperábamos (tráfico, accidentes, semáforos, peatones, mercadillos…). Seguimos pensando como peatón que anda más o menos rápido según su cantidad de prisa, adelanta personas sin suponer accidentes para otros peatones y se salta semáforos siempre que no venga nadie y la policía no esté cerca porque los reflejos nos permiten parar repentinamente si se acerca un coche que no habíamos visto. En este aspecto, falta organización.
Tráfico: Que todos salgamos de casa a la misma hora porque entramos a trabajar o a clase a la misma hora no es culpa de nadie, sino consecuencia de que todos hagamos uso de la “prisa” y salgamos, como he dicho anteriormente, con el tiempo justo sin prever las retenciones. Ante todo recuerda, ¿Te molestan los atascos cuando estás en ellos? Pues tú también formas parte de él y estás haciendo que el atasco dure un coche más. Es por esto que veo imprescindible la capacidad de empatía.
Y con la empatía, llegamos al disfrute de la prioridad que sentimos al volante, nombrando al fatídico narcisismo que impera en esta sociedad donde todo el mundo tiene derecho a colarse en una cola, a llegar pronto sin salir antes, a no poner el intermitente porque no se necesita facilitarle la conducción a otros (sólo importáis tú y tu ego), a parar en doble fila o poner los cuatro intermitentes dentro de una rotonda (sólo importáis tú y tu ego), a circular por una rotonda ocupando tu carril y el del coche de al lado (sólo importáis tú y tu ego) y a entrar en una rotonda sin ceder el paso (sólo importáis tú y tu ego).
La agresividad al volante es un tema poco estudiado para la reincidencia con la que se da y con el que los conductores no sólo normalizan la situación y se permiten aumentar cada vez más su agresividad sino que también enseñan a sus hijos a comportarse de dicha manera ante las demás personas puesto que no se insulta a los coches sino a los conductores, hasta el punto de decir frases como “es que con esa cara de tonto…” (donde se fomenta la exclusión por un físico que no es perfecto), “mujer tenías que ser” (discriminación hacia la mujer), etc.
Por favor, tengamos cuidado con nuestras acciones ya que quedarán perpetuadas en forma de accidente y/o en las personas con las que discutimos además de las que nos acompañan durante el trayecto en carretera incluyendo a nuestros hijos.
 


 

miércoles, 13 de noviembre de 2013

¡Código rojo! ¡Adolescente en crisis!


Erikson definió 8 etapas de crisis en la vida de todo ser humano.
En esta entrada nos vamos a centrar en las crisis de una etapa algo complicada: la adolescencia.
 
El adolescente tiene dos crisis:
De identidad (identidad VS difusión): De pronto dejan de ser niños tanto física como emocionalmente. Por eso dejan de hacer todo lo que estaban haciendo (ya no les gusta su habitación, ya no le gusta la misma comida, crean nuevos amigos, cambian de estilo de ropa, dejan de ver a la abuela, dejan el conservatorio o los deportes porque eso formaba parte de su etapa de niños…). Por esta razón, es posible que tampoco quieran besos ni abrazos puesto que consideran que son cosas de niños.

De afirmación (no soy niño ni adulto, no sé lo que soy, pero no me trates como a un niño). El adolescente tiene un armazón de seguridad con un núcleo central, el YO. El YO aparece cuando se es pequeño y explota en la adolescencia. “Yo soy yo y soy autónomo e independiente así que yo decido lo que quiero hacer”. Ante esto, no es aconsejable que los padres les dejen hacer todo lo que quieran puesto que, a pesar de su apariencia segura, realmente no saben lo que quieren hacer a largo plazo. Sus pensamientos y sentimientos fluctúan constantemente. Ante todo, cabe destacar que esta etapa es sana ya que en ella se reafirman ante la autoridad (siendo algo rebeldes) y esto hará que, el en futuro, sean adultos seguros.
 
 
El adolescente tiene dos extremos: rebelde ß----------------------------à sutil.
Los dos intentan salirse con la suya pero con la diferencia de que uno genera conflicto (rebelde) y el otro no (sutil). El rebelde es más “escandaloso” pero el sutil puede generar más problemas ya que suele “torear” a los adultos (padre, madre, profesor, terapeuta…) afirmando a todo que sí y luego haciendo lo que quiere. A más inseguridad, más necesidad de reafirmarse tanto a modo de rebelde como sutil. Al rebelde hay que enseñarle a controlarse (trabajar impulsividad y autocontrol) y, en ocasiones, la rebeldía desaparece cuando desaparece la adolescencia. Al sutil hay que enseñarle a atreverse: opinar, decidir…

A partir de los 20 años aproximadamente, los jóvenes tienen la total potestad para decidir y actuar en función a sus creencias. Los padres pueden sugerir y aconsejar pero los jóvenes serán quienes decidan si harán caso o no a esos consejos y se responsabilizarán de sus propias consecuencias. Los jóvenes ya no ven a los padres como los ven los adolescentes, es decir, como alguien que va a decidir todo en sus vidas. Este sentimiento adolescente con respecto a sus padres es una de las razones por la que están a la defensiva convirtiéndose en adolescentes punzantes, adolescentes cactus.
 
 
 

 

miércoles, 6 de noviembre de 2013

¿Cambios? ¡No! ¡Terror! ¡Horror!

Como esta semana el tema que estamos tratando en ¿Te atreves? está relacionado con la puesta en marcha orientada a originar cambios positivos en la vida, he decidido no opinar ni hablar sobre el tema de manera expositiva. ¿Qué mejor que hablar de los cambios haciendo cambios? Esta vez toca una entrada más didáctica y en la que cada uno puede reflexionar lo que quiera. Os dejo algunos trocitos del libro “El delfín. Historia de un soñador” de Sergio Bambarén donde se relata la historia de un delfín que soñaba con ser surfista y no se contentaba con la vida normal de un delfín cualquiera.
“Daniel Delfín era un soñador. Estaba convencido de que había más en la vida que pescar y dormir, así que había decidido dedicar todas sus energías a descubrir el verdadero propósito de su vida a través del surf y la sabiduría del océano. Ése era su sueño. Una tarde, cuando Daniel regresaba del arrecife, Miguel Benjamín Delfín, su mejor amigo, le preguntó:
 
-         ¿Qué te propones, Daniel? ¿Por qué arriesgas tu vida en el arrecife? ¿Qué intentas demostrar?
-        No intento demostrar nada. Sólo quiero saber qué puedo aprender del mar y de surf. Eso es todo.
-      Por Dios, Daniel, muchos delfines que te aprecian piensan que tarde o temprano terminarás muerto. Deslizarse sobre las olas cuando éramos pequeños era entretenido, pero esto ya es demasiado. ¿Por qué no te dedicas a pescar como los demás en lugar de perder el tiempo surfeando en el arrecife?
-     Echa un vistazo a tu alrededor, Miguel. Nuestro mundo está lleno de delfines que pescan desde la madrugada hasta el anochecer, día tras día. Siempre están pescando. Ya no tienen tiempo para perseguir sus sueños. En lugar de pescar para vivir, ahora viven para pescar. Recuerdo a un Miguel Benjamín Delfín joven y fuerte, capaz de pasarse horas contemplando las olas, imaginándose que se deslizaba sobre una de esas colosales paredes de agua, soñando. Ahora sólo veo a un delfín asustado, que lo único que hace es pescar, un delfín temeroso de perseguir sus sueños.
-     Algún día madurarás, Daniel, y verás las cosas como las ve el resto de la manada. No hay otra manera de vivir – Y tras decir estas palabras, se marchó.”
“Daniel sufría por su amigo, pero sentía que no podía hacer nada para ayudarlo. Daniel Delfín había elegido vivir su vida ateniéndose a sus propios principios y, aunque a veces se sentía sólo, jamás se arrepintió”.
“El verdadero secreto de una existencia buena y feliz consiste en aprender a distinguir los tesoros reales de los falsos. El mar que nos envuelve, el sol que nos da vida, la luna y las estrellas que brillan en el firmamento, todos ellos son tesoros auténticos. Son eternos y están ahí para recordarnos que estamos rodeados de magia, para recordarnos que nuestro mundo está lleno de milagros y que hay un universo para admirar y ayudarnos a que nuestros sueños se hagan realidad. Pero en vez de esto, comenzamos a construir nuestro propio mundo de tesoros falsos. Renunciamos a nuestros sueños y aceptamos que la razón de nuestra vida era pescar todo lo que pudiésemos. En ese momento dejasteis de soñar. Enterrasteis en vuestros corazones los verdaderos tesoros de la vida. El sueño que anidaba en vuestro interior murió y con él vuestras ilusiones y esperanzas. Olvidasteis cómo soñar y como eso era el único vínculo con vuestro auténtico ser, éste desapareció.”
 

 

¿Tenéis miedo al cambio? ¿Preferís la frase “más vale malo conocido que bueno por conocer”? ¿Estáis dispuestos a cambiar para sentiros mejor?
 
 
¿Con qué delfín os sentís más identificados?

miércoles, 30 de octubre de 2013

¿Qué pensarán de mí?

El experimento realizado por Salomon Asch (1951) que os pongo a continuación, es uno de los clásicos en el estudio de la conformidad grupal. Y si vamos a hablar de cómo nos afecta lo que nos digan los demás y lo que los demás piensen de nosotros, qué menos que ilustrarlo con este video:




Como se puede observar, el sujeto experimental prefiere no hacer caso a su forma de pensar para responder como el resto del grupo. Esto es porque, a grandes rasgos, tememos ser diferentes, hacer el ridículo. Nos aterra que puedan pensar mal de nosotros. Pero y esto ¿por qué? Si ni siquiera el chico del video tiene un vínculo con el resto de estudiantes…
Por una parte, esta forma de actuar, deja entrever una falta de seguridad y de confianza en nosotros mismos. Como no confiamos en nosotros, nuestros pensamientos y nuestros sentimientos, nos comparamos con los demás y nuestro valor depende de lo que nos valoren los demás. Por eso, en parte, muchas personas “necesitan” que las valoren, porque ese sentimiento no lo obtienen por ellas mismas.

Entonces ¿Qué hacemos? ¿Hacemos lo que quieren los demás y estamos en desacuerdo con nosotros mismos con todo lo que eso conlleva? Así nos sentimos normales. Nos sentimos dentro de un grupo.

O ¿Hacemos, pensamos y sentimos de acuerdo a nuestras creencias y valores pero aterrándonos por lo que puedan decir y pensar de nosotros constantemente?
Quizá, una buena opción sería empezar a valorarnos a nosotros mismos tal y como somos o cambiar aquello que no nos gusta para querernos más todavía y así no necesitar que nos valoren otros, porque ya lo hacemos nosotros mismos.




 

miércoles, 23 de octubre de 2013

Veo, veo. ¿Qué ve un adolescente?

Como esta semana en ¿Te atreves? nos hemos dedicado a conocernos a nosotros mismos, vamos a tratar de manera introductoria cómo se ven a sí mismos los adolescentes.
Las personas vamos construyendo nuestra identidad desde pequeños, pero es en la adolescencia cuando esta búsqueda de la identidad se incrementa. Ya no son niños pero tampoco son adultos. Entonces ¿Qué son? Y para resolver esta pregunta, el adolescente busca encontrarse a sí mismo y crear una imagen positiva tanto para ellos como para sus seres queridos.
En la búsqueda del autoconocimiento juega un papel muy importante el realismo con el que cada uno ve sus acciones y su forma de pensar y sentir. Pero los constantes altibajos de los adolescentes en su estado de ánimo influyen en el nivel de realidad con el que se ven. Este es uno de los aspectos de por qué es tan complicado desarrollar el autoconcepto en esta etapa.
Pero, ¿qué es el autoconcepto? El autoconcepto es la forma en que las personas se ven a sí mismas. Y entonces, ¿en qué se diferencia de la autoestima? En que la autoestima es la forma en la que las personas se valoran a sí mismas.
Desde la preadolescencia (12-14 años) se preocupan por su cuerpo, por su aceptación social, por si su grupo les rechaza, si son queridos por sus padres… Es por esto, por lo que es recomendable crear una autoestima positiva desde la familia ya que es el pilar afectivo y social desde el nacimiento. Una autoestima positiva lleva, por consiguiente, a gozar de salud mental, por lo que es muy importante que los padres les hagan sentir queridos a pesar de las posibles disputas (nunca decirles “eres malo, eres tonto…” Si no, “no me gusta esto que has hecho”) y si, pasado unos minutos del conflicto, el ambiente se tranquiliza, no dejar pasar la posibilidad de decir algo tan grande como es un “te quiero”.
Con la adolescencia llega la búsqueda de la autonomía y eso supone que, en algunas ocasiones, decidan no ir a viajes, excursiones o eventos a los que antes iban acompañando a la familia. Para algunos padres es un tema difícil de afrontar pero que hay que comprender. El paso a una nueva etapa supone cambios, y entre ellos se encuentra la posibilidad de renunciar a la presencia continua de los padres. Así, siendo más independientes, llegarán a ser más autónomos.
Algunos padres se sienten molestos ante estos nuevos cambios al opinar que están cuestionando su autoridad. Es entonces cuando se ponen a la defensiva, propiciando que el adolescente también se ponga a la defensiva y surja el conflicto. Esto, paradójicamente, hace que las ganas de autonomía del/la hijo/a crezcan. Pero es muy importante destacar que NO es una ruptura real sino que es un cambio en la relación y, por tanto, es aconsejable que los padres den un voto de confianza. Esto es una situación difícil puesto que no sólo los padres tienen miedo a perder el cariño de sus hijos sino que los adolescentes temen perder el amor de sus padres.
Para finalizar, los adolescentes pueden comportarse como adultos en determinadas ocasiones para buscar la independencia cuando realmente no lo son. Por esto, hago hincapié en la importancia que tiene preparar a los hijos para vivir una etapa de mayor autonomía y, por tanto, de RESPONSABILIDAD.
 
 

miércoles, 16 de octubre de 2013

Hijos desobedientes, padres impotentes y comunicación errónea


La desobediencia puede provocar problemas en la convivencia familiar al suponer un desafío hacia la autoridad, en este caso, de los padres o educadores. Pero, ¿cómo puede manifestarse la desobediencia? A nivel general, de tres formas:

1.       El niño/adolescente que parece no escuchar: Se opone de forma pasiva a las órdenes de los adultos.
2.       El niño/adolescente negativista: Quien desbarata la autoridad de los padres con un simple monosílablo. NO.
3.       El niño con rabietas o adolescente agresivo, haciendo notar el desacuerdo en su total expresión agresiva.

Pero, para hacer un análisis exhaustivo de la situación, no debemos centrarnos solamente en el niño o adolescente sino que es aconsejable que los padres y demás adultos aprendan a comunicarse con ellos en esos momentos tan delicados y aprendan a dar órdenes.

Algunos de los errores más frecuentes a la hora de dar órdenes a los hijos son los siguientes:

-          Órdenes inatendidas: Los padres que piden a su hijo que baje el volumen de la televisión, pero lo piden a gritos desde la cocina.

-          Órdenes confusas: “Ya tienes edad para portarte como una persona mayor” ¿Qué significa concretamente ser mayor? ¿Portarse bien en clase? ¿No jugar?

-          Órdenes poco realistas: Padres que exigen que sus hijos aprueben toda la tercera evaluación cuando la primera y la segunda han suspendido seis.

-          Órdenes metralleta: Muy largas o muy repetidas. EJ: “Métete a la ducha y lávate el pelo que luego tienes que cenar y no te da tiempo. Dúchate ¿eh? Pero ya, que luego no te da tiempo a cenar, bla bla bla bla bla”

-          Órdenes injustas: Como por ejemplo, imponer la carrera, la rama de estudio o las actividades extraescolares a los hijos.

-          Órdenes débiles: Con un tono dubitativo y que aparenta opcional. EJ: “A los papás les gustaría que les ayudaras a poner la mesa, ¿Qué tal si nos echas una mano?”. El problema de preguntar si se hace o no, es que los hijos tienen la total libertad de decir que no.

-          Órdenes desgastadas: Incitan a hacer oídos sordos. EJ: “¿Cuántas veces te tengo que decir que…. (a partir de ahí, dejan de escuchar)”

-          Órdenes autoritarias: En un tono agresivo. EJ: El adulto golpea la mano del hijo con la que sostiene la cuchara y le grita “no te levantas de la mesa hasta que no te lo termines todo”.

Y en mi opinión, la reina de las órdenes que resultan fallidas:

-          Órdenes inconsistentes: Aquellas en las que se contradicen las figuras de autoridad y varían según el estado de ánimo de quien las dicta. Por ejemplo: Padre o madre que castiga una acción que el hijo realiza todos los días sólo cuándo el adulto ha tenido un mal día. La otra versión de este tipo de órdenes es en la que uno de los adultos autoriza al hijo a salir a la calle cuando el otro adulto no está (aquí los abuelos, juegan un papel muy importante).

Por tanto, después de aprender cómo NO es aconsejable que se comuniquen las órdenes… ¿Cómo deben ser?

-          Claras y específicas: “Recoge los juguetes que has sacado”

-          Comprensibles: Expresadas en un lenguaje conocido por el niño/adolescente

-          Cortas: “Lávate las manos”

-          Darse de una en una y en número reducido

-          Coherentes: Acordadas entre los adultos y no fruto de la improvisación ya que puede ir seguida de un arrepentimiento posterior y, por tanto, de anular la orden desautorizándose a uno mismo

-          Firmes

-          Describir las consecuencias de su cumplimiento o no: “Si no terminas los deberes ya sabes que no ves la televisión”.

-          Ser aplicables a todos los miembros de la familia: Así evitaremos celos y entenderán que no son “por fastidiarles” sino que son unas reglas comunes para todos.

-          No ser contradictorias con otras órdenes

-          No deben ir acompañadas de instigación física ya que se ha comprobado que dificulta aún más el cumplimiento de la orden.



¿Y vosotr@s? ¿Habéis recibido o dado alguna orden errónea? ¿Cómo conseguís que vuestros hijos o alumnos obedezcan?